#Opinión Sin mujeres ¡No!

Por Karen Paola Herrera Anaya

En la génesis de las negociaciones del proceso de paz en 2012 entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) que tenían como propósito la firma de un acuerdo que pusiera fin al conflicto armado colombiano estuvo a la vista la ausencia de mujeres. A partir de esto los movimientos de mujeres y feministas alzaron las voces y se presionó al Gobierno para su incorporación al proceso. Este suceso permitió pasar de la invisibilización a la instauración de la Subcomisión de Género, la primera en el mundo de este tipo, y a la transversalización del enfoque de género. Lo que se busco fue la inclusión de las mujeres en todos los niveles de adopción de decisiones, sino también la protección y promoción de los derechos de la mujer en la prevención de conflictos”.

No obstante, para que no resulte como si se tratase de un capricho de que las mujeres participaran en el proceso, se toma de ejemplo un estudio de casos realizado por, UN WOMEN 2015: 40 casos de negociaciones de paz donde las mujeres ejercieron autoridad y fueron parte activa del proceso tuvieron mayor probabilidad de firmarse que en los que no hubo participación de mujeres. Luego de la firma del acuerdo las mujeres siguieron participando en otros contextos. Como lo describe Cinthya Cockburn (2007:47): “En muchas regiones del país, los líderes masculinos de los derechos humanos y las organizaciones por la paz fueron asesinados o desaparecieron”. Por tanto, son las organizaciones de mujeres las que han permitido dar continuidad en la búsqueda digna de una democracia real con justicia social, que garantice una paz sostenible. Las mujeres dejaron de ser víctimas y devinieron sujetas de derecho, crearon mecanismos de resistencia y formas de construir paz, acordes a sus múltiples identidades, confrontando la violencia con estrategias colectivas y no violentas. Según el informe Voces de Mujeres, realizado por la Ruta Pacífica de las Mujeres, se refleja cómo un 66% de las mujeres que prestaron su testimonio en el informe se vieron obligadas a transformar sus roles tradicionales dentro de los nuevos papeles asumidos. Así, un 40% de ellas vio en las organizaciones de mujeres su principal herramienta de resistencia, y más de un 70% de ellas encontraron diversas estrategias organizativas para la defensa de sus derechos. Se han movilizado por su supervivencia y las de sus comunidades, han asumido múltiples roles (productivo, reproductivo y comunitario), desde la subjetividad, y a través de la expresión de sus sentimientos y emociones enfrentan la violencia y los retos que supone la transición de la sociedad colombiana en su nuevo escenario tras la implementación de los acuerdos de paz.

Estando a la espera de la participación activa en política pues se espera que en los próximos debates territoriales sean las mujeres las que ocupemos los primeros cargos del Municipio y el departamento, espacios que se han luchado y que ha sido toda una aventura obtenerlos en el pasado.