Opinión Leonor Zalabata: la mujer arhuaca que hablará por Colombia en la ONU
Por: Karen Paola Herrera Anaya

Dos de los grandes mensajes que ha enviado en estas semanas el nuevo gobierno de Gustavo Petro son: una mayor participación de las mujeres en las funciones del estado y la reivindicación de los liderazgos sociales. El nombramiento de la lideresa social, Leonor Zalabata Torres como embajadora de Colombia ante Naciones Unidas en Nueva York ejemplifica muy bien esa nueva realidad.

Zalabata de 67 años de edad es una mujer arhuaca nacida en la Sierra Nevada de Santa Marta, específicamente en Jerwa población perteneciente a Pueblo Bello, Cesar; es la cuarta de 13 hermanos. Tras finalizar el bachillerato se trasladó a Medellín donde estudió Higiene Oral, ya graduada decidió retornar a su tierra, en Jerwa se unió con un reconocido indígena con quien tuvo cinco hijos, todos son hoy destacados profesionales, en especial, Teyrungumu Apolinar Torres Zalabata, un físico de la Universidad Nacional cuya tesis académica fue exaltada por la misma NASA, que le ofreció trabajo.

Doña Leonor es reconocida por su liderazgo en materia de cuidado por la naturaleza y la defensa de los derechos humanos en especial de los pueblos indígena, esa voz de mando la heredó de su abuelo, Rafael Antonio Zalabata, quien fue personero de la Gran Magdalena.

Entre los diferentes escenarios en los que se ha desempeñado doña Leonor están: su papel como delegada de asuntos étnicos en las mesas nacionales de la constitución de 1991 y su rol como comisionada de derechos humanos por la Confederación Indígena Tayrona.

Su trabajo por la defensa de los pueblos indígenas no sólo ha sido reconocido en Colombia, sino también a nivel internacional, en 2007 fue galardonada con el prestigioso premio Anna Lindh, el cual reconoce el compromiso de los líderes sociales con la defensa de los derechos humanos.

Zalabata ahora deberá colocar toda su experiencia al servicio de la diplomacia colombiana. Hay voces que dudan de la eficiencia de su papel como embajadora, pero pienso lo hacen más desde el imaginario colectivo de creer que los indígenas no están hechos para la política. La vida de Leonor Zalabata Torres es una muestra de lo contrario, de que los indígenas pueden y deben ocupar cargos de relevancia a nivel nacional.  

Otro hecho importante es que, el nombramiento de doña Leonor como embajadora ante la ONU por parte del Presidente Petro, rompe con el clientelismo que a diario se ve en la escogencia de los servidores públicos, donde en muchas ocasiones el mérito no se tiene en cuenta. Así que, doña Leonor debe convertirse en un símbolo para todos aquellos líderes que desde el anonimato se toman en serio su trabajo y día a día luchan por sus territorios.