#Opinión La lucha de los pueblos afrocolombianos para su reconocimiento.

Por Karen paola Herrera Anaya

En 2022 se cumplen treinta Y un años de la actual Constitución Política en Colombia, lo que equivale a un cuarto de la edad republicana del país. Esto da pie a realizar una reflexión sobre los caminos que se han tomado y pensar en los que falta por recorrer como sociedad. Aun guardamos muchas herencias de la Constitución de 1886, que tuvo vigencia por más de un siglo, la mitad de nuestra edad republicana. La antigua Constitución negó la diversidad de la sociedad colombina, la cual fue imaginada como una sociedad masculina, muy blanca y centrada en Bogotá. Las poblaciones afrocolombianas no fueron reconocidas por la institucionalidad, más bien fueron asimiladas a esa concepción que las veía como gente de tierras ardientes que corresponderían seguir el referente de la sociedad de la altiplanicie bogotana. Es decir, el pueblo afrocolombiano debía buscar parecerse a los hombres blancos de la ciudad capital o buscar serlo.

La Constitución de 1991 significó, entre muchas cosas, una atmósfera de reflexión social y política de la sociedad colombiana, en el que esa idea de una sociedad homogénea en el ámbito político, social y, sobre todo, cultural intenta a quedar atrás, empezando un autorreconocimiento como una sociedad pluriétnica y multicultural. A nivel constitucional, fue la primera vez en la que se reconoce a las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras como un grupo étnico y se obliga al Estado colombiano a resguardar inmediato con su integridad cultural. Unas de las principales conclusiones de ese ejercicio constituyente es que la sociedad colombiana es diversa, sin embargo, para llegar a esta claridad Colombia se tardó un siglo.

En este orden , la Constitución creó el artículo transitorio 55, el cual dos años después daría lugar a la Ley 70 de 1993, principal marco legal del pueblo negro, afrocolombiano, raizal y palenquero, Esta ley es un pilar fundamental en el asunto organizativo afrocolombiano, ya que inicia un camino para la titulación colectiva de los territorios ancestrales, contribuye al inicio de la transformación de algunos contenidos del sistema educativo y, a través del impulso de nuevos instrumentos legales, ampara la lucha hacia el racismo. A Pesar de los impactos del conflicto armado sobre el proceso organizativo afrocolombiano, este ha conseguido resistir y avanzar en la exigencia del reconcomiendo más allá de los establecido en la norma, lo que ha considerado, por ejemplo, que en el ámbito educativo se reflexione la necesidad de dar la razón, los aportes de este pueblo en la construcción de Colombia. Después de la firma de los acuerdos de paz con las antiguas farc en el 2016, se trató que las situaciones de victimización sobre las comunidades disminuirían; después, han aparecido nuevos actores violentos, designados disidencias, que han entrado a disputar los espacios dejados por la antigua guerrilla a los carteles y a las estructuras criminales derivadas del paramilitarismo. Este contexto de creciente violencia ha impactado a los líderes afrocolombianos a través de amenazas y asesinatos. Se espera que en el actual Gobierno tras el triunfo de Francia Márquez como vicepresidente exista un avance significativo para estas comunidades y se cumpla lo pactado en el proceso de paz donde se les incluye.